El Mito de la Súper Mamá

Por: Carolina Hernández www.amosermama.co

Me inquieta la discusión sobre el Síndrome de la Mujer Maravilla al punto que creo que es un virus del cual debemos vacunarnos.

Las mujeres-mamás hoy, parecemos en un concurso de heroínas que no me sabe nada bien. Ya no existen (o nunca han existido?) comunidades o grupos de mamás-amigas que son apoyo, y presenciamos en cambio batallas campales cuyo origen se fundamenta en el Síndrome de la Mujer Maravilla. El SMM consiste básicamente en encajar en paradigmas de perfección para sentirnos reconocidas como “buenas madres” , en atender las expectativas de otros sobre nuestra función social como cuidadoras de una manada, y en lograr realizar sueños personales sin sentir culpa. Es un Síndrome cuya invitación es a lograr lo imposible, a alcanzar estereotipos, y a no ser lo que cada una es sino lo que cada una intuye que los demás esperan que sea.

Algunos de los síntomas que padecemos las mujeres que caemos en esa trampa son:
1. Criticadera: Juzgamos todas las otras maneras de hacer vida en familia, como si nuestra familia no fuera un permanente ensayo-error que nos ha llevado a establecer una manera de serlo, que incluso se va modificando con los experimentos sociales que hacemos al interior de nuestro hogar. Y entonces ser mamá, deja de ser un ejercicio solidario en el que la vecina te da ideas o la prima te presta utensilios, y con falsedad sonreímos a quien más criticamos sin considerar que son esas críticas las que nos llevan a padecer la culpa de ser mamás o a sentir el Síndrome de la Mujer Maravilla en su esplendor.

2. Sobre-información: Hemos documentado la experiencia de la maternidad al punto de tener teorías para cada situación: parto, lactancia materna, sueño infantil, límites, alimentación y hábitos que deberían, creo yo, fundamentarse en el instinto de cada mamá y en el estilo de vida de cada familia, ahora deben ser revisados a la luz de autores y expertos.

3. Delirio de grandeza: Hacemos alarde de nuestra heroica tarea, los trasnochos, correr al trabajo, mercar, comprar aguinaldos, hacer tareas y “atender al marido”, todo lo anterior sin habernos atendido y con el corazón hecho pedazos. Esa grandeza que nos pasamos gritando a viva voz, debería concentrarse en que la mamá como mujer y como individuo, se cuide, se alimente, disfrute sus pasiones y deje a las demás con sus propios rollos.

4. Sensación de hacerlo todo “a medias”: Este Síndrome nos hace sentir que por querer cumplir con tantas expectativas, estamos en medio de muchas labores pero las cumplimos a medias. No tendríamos las mujeres manera humana de atender al 100% todas las imposiciones que hemos permitido nos sean asignadas. Entonces vamos al trabajo con la sensación de haber dejado a los hijos “medio listos” para ir a estudiar, y atendemos a reuniones y correos electrónicos con la cabeza en la casa o en las listas de cosas por hacer, y salimos a comer con las amigas pero queremos dejar a los niños dormidos a las 6pm para lograrlo, y vamos a cine con el esposo pero nos pasamos la película chatiando con quien cuida a los niños.
5. Todos bien, menos yo: Nos preocupa que el niño salga vestido a la moda, y que la pañalera tenga repelente y protector solar, buscamos tiempo para llevar el carro a lavar, para ir a la tienda donde venden el yogurt que le gusta al mayor, y a la otra donde encuentro el cereal que considero más saludable para el menor, nos encanta salir a cenar con el esposo, y mantenemos la casa impecable a toda costa. El precio que pagamos por todo ese bienestar, es que dejamos de hacernos cargo de nosotras como mujeres, y no volvemos a hacer ejercicio, nos alimentamos mal y nos consentimos poco de cuenta de nuestro esquema de madre sacrificada y mártir.

El Síndrome de la Mujer Maravilla no tiene cura conocida. No hay una fórmula única (como casi todo en la maternidad) que alivie esos síntomas, pero puede haber medidas que cada mujer decida tomar y las haga parte de una vida más tranquila:
1. Consciencia: Guarda silencio porque todo aquello que criticas en otra mamá, es un temor profundamente arraigado que pones afuera para no enfrentar. Observa y aprende, cada mamá con sus hijos y sus universos tiene un montón de cosas por enseñarte.

2. Fogata para tu instinto: Haz una fogata con los libros que más te atormentaron, olvida las teorías de crianza, no sigas los consejos que no resuenan con tu manera de ser mamá, y dedícate a creer en lo que de manera natural haces como mamá y como mujer.

3. Humildad: Las mamás lo han sido desde el principio de la humanidad, y su rol cobra valor, no en la medida en que exijamos reconocimiento, sino en la medida en que las familias permanezcan fieles a su esencia, y disfruten la vida. Deja de echarte flores y asume las consecuencias de tus decisiones por convicción y no por obligación.

4. Presencia: Prioriza tus labores, define qué tienes que hacer como cuidadora de tus hijos, qué tienes que hacer como parte del proyecto laboral del que haces parte, y qué tienes que hacer para mantenerte siendo tú, y hazlo. Termina lo que empiezas, pon tu atención y tus ganas en cada tarea, así que elimina las tareas innecesarias buscando ayuda para que sean asumidas por otros. Si te queda tiempo, comienza a sumar labores que te acerquen a lo que quieres ser.

5. Tiempo para ti: Esa frase de cajón que dice algo como que nadie da de lo que no tiene, aplica totalmente. Consigue la paciencia física y mental que necesitas para asumir tus decisiones, conéctate contigo para establecer conexión con tu familia y busca la confianza que quieres que tus hijos tengan cuando crezcan. Cada mujer reconoce esas cosas que le apasionan (ejercicio, artes, hobbies, yoga), las cosas que ha dejado de hacer por jugar a ser mártir (ir a misa o a la peluquería, bajar de peso, hacer un curso que aplazó por el embarazo del mayor), esas actividades que le permiten cultivar sus relaciones (café con amigas, almuerzo donde los papás, reunión extralaboral con los compañeros) y las labores que usualmente disfruta (ir a mercar, regar las plantas, decorar los cuartos de los niños). Lo que sea, todo se vale y la única condición es que sea tiempo para ti, para tu bienestar físico y emocional, porque de él depende que la Mujer Maravilla siga siendo una tira cómica.

Yo sé, me van a decir que se lee muy fácil en este blog pero que es imposible de lograr. Por eso digo que es MI vacuna contra el SMM, porque con frecuencia me siento culpable, o critico a otras mamás, o me excuso en tantas cosas que tengo que hacer, o me abandono, o hago todo a medias y entiendo que toda esa emocionalidad le corresponde al mito que ha creado la sociedad alrededor de una mujer con súper poderes. Y vuelvo a repasar: 1) consciencia y empatía al encontrarme con otra mamá, 2) filtrar tantas teorías de crianza desde mi instinto, 3) aceptar que no soy la mejor mamá sino la que mis hijos necesitan, 4) priorizar tareas para hacerlas con toda y pedir ayuda en las tareas que quedan al final de mi lista, y 5) sacar tiempo para lo que me gusta a mi y me conecta conmigo.

Adiós al mito que desnaturaliza la condición humana de ser mujer y bienvenidas sean los millones de versiones de mujeres que son mamás, y siguen siendo normalitas.

Recent Posts

Leave a Comment